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KAtecolor 2LONDRES.-Noviembre 2013. En el histórico dock de Chatham, un pueblo portuario al sur de Londres, Kate Moss posa sin parar. Pone la cabeza de perfil, lanza una mirada sensual, mueve un poco la cadera y cambia el peso de una pierna a la otra. Mientras, una cámara la filma y otra la fotografía. Tiene puesta una remera blanca con inscripciones, una camisa abierta encima, jeans y unos zapatos de tacos altísimos. Es muy bonita, su pelo rubio brilla debajo de las luces. Ni su cara ni su cuerpo acusan los 40 años que está por cumplir. Se la nota muy profesional, está claro que sabe hacer este trabajo, en el que se destaca desde hace más de 20 años, una rareza en un medio al que se ingresa en la adolescencia y en el que se envejece rapidísimo. Pero a pesar de apreciar en vivo su belleza y sus poses es imposible adivinar cómo se produce la alquimia entre ella y la cámara que resulta en esas fotos hermosas, muchas veces consideradas y valuadas como verdaderas obras de arte. Podés mirarla de cerca, durante horas, casi obsesivamente y sin pestañear, pero es imposible saber cómo hace Kate Moss para ser Kate Moss.

En verdad parece que ni ella misma lo sabe. “Es un misterio para mí. Debe ser porque lo hago desde hace tantos años”, dice a la Revista, en el breve intercambio de palabras que tendrá que servir de consuelo después de cancelarse la entrevista que nos llevó hasta aquí. Y tal vez de eso se trate, de no hablar demasiado, para preservar el misterio intacto. Quizá cuanto menos se sepa lo que ella piensa y siente, mejor pueda vender su fotogénica imagen, que la convirtió en una favorita de marcas internacionales y una de las mejores pagas del mundo (la cuarta en facturación anual, según Forbes).

El problema para la atractiva trama de misterio que se huele en el aire es, justamente, que la vida de Moss no es un completo misterio. Desde que saltó a la fama en los 90, cuando era una adolescente flaquísima, y puso en jaque el reinado de las supermodelos curvilíneas como Linda Evangelista, Cindy Crawford o Claudia Schiffer, los medios siguieron de cerca sus pasos. Sobre todo los que dio en falso. Su noviazgo con Johnny Depp, a mediados de esa década, fue un festín para la prensa internacional, peleas con destrucción de cuartos de hotel incluidas. Los medios siguieron de cerca su relación con Pete Doherty, el cantante de la banda Babyshambles, siempre signada por escándalos relacionados con los excesos. Y aun cuando se llegó a verla en un tabloide consumiendo drogas en un club nocturno, ni las grandes firmas de la industria de la moda ni el público abandonaron su fascinación por ella durante mucho tiempo. Hasta aquí, su historia se parece a la de una estrella de rock rebelde que ejerce una inmensa atracción, pase lo que pase.

Mientras la modelo se prepara para la próxima escena y otro shooting, la búsqueda por develar el misterio nos lleva a E. K. Knorpp, el fotógrafo elegido para retratarla en la nueva campaña de Basement, la marca de ropa de estilo urbano de Falabella. “Es difícil definirlo porque es Kate Moss. Es un ícono. Tiene algo distinto”, nos cuenta Knorpp, mientras comparte un breve viaje en van hasta el lugar donde continuará la sesión. Con sus gestos parece buscar en el aire algo más que decir sobre el tema, pero no lo logra. E. K., que es norteamericano, pero vive desde hace mucho tiempo en Chile, conoce a Moss hace más de 20 años, cuando ambos eran adolescentes y posaron para campañas de Calvin Klein. Pero eso no lo ayuda a comprender mejor cómo hace Moss para transmitir tanto en las fotos. “No hay nadie como ella. Es como una extraterrestre. Rara, linda. Kate cambió la imagen de la modelo”, agrega, y la van sigue su camino por las calles oscuras de los docks.

Una luz muy potente indica el acceso a la siguiente locación. La mayoría de las 150 personas que trabajan en esta producción rodean la zona donde pronto Kate posará ante las cámaras. Cada uno se ocupa de su trabajo o, si está libre, toma un té y come un sándwich de salmón ahumado y queso blanco, parte del catering bien british que se ofrece al equipo técnico. Cuando todo está listo, la modelo y su maquilladora bajan del auto azul alta gama con chofer que las traslada. Moss tiene las piernas descubiertas, pero con su postura da cuenta de que puede tolerar mejor el frío que todo el equipo, a esta altura camuflado con gorros y guantes. Cuando empiezan a filmar la escena, la modelo se mueve con soltura siguiendo lo indicado por el director del comercial, Martín Romanella, un argentino radicado en Viena, que trabajó anteriormente con Moss en otro comercial de Basement. “Se transforma cuando está delante de la cámara -cuenta a la Revista-. Es de las personas más fotogénicas que se pueden encontrar. Tiene una geometría que, se mueva como se mueva, transmite algo único, que tiene que ver con la moda y la belleza. Todas las modelos que pasaron después de ella no son tan conocidas. Fue la única que se convirtió en un ícono de la moda y sigue activa. Tiene mucha experiencia. Llega al set y sabe cómo moverse. Es muy ágil.”

La diferencia entre mirar la escena que están filmando en vivo y verla a través del monitor con el que el director sigue el rodaje vuelve a presentar la pregunta: ¿qué pasa entre Kate Moss y la cámara? ¿Por qué la diva que se ve en las fotos de la última edición de la Vogue británica y esta mujer linda que parada aquí, a pocos metros, se ríe de alguna picardía con su peinador, no parecen ser la misma? La cámara sabe algo sobre ella que nadie más parece poder revelar.

“Es un ícono de la moda por varias razones -arriesga su maquilladora, Val Garland-. Una es su estructura ósea. Tenga poco o nada de maquillaje, o uno muy elaborado, en el momento en que la luz la encuentra aparece impecable. La cámara la ama. Mucho antes de ser maquilladora escuchaba que la gente decía eso de la cámara ama a tal modelo, pero recién cuando la ves a Kate en acción entendés qué quiere decir eso realmente. Ella sabe cómo trabajar con la luz, su cara y su cuerpo. Y esa es la razón principal de su secreto, pero también que es simplemente muy amable. No importa si sos la persona más importante o el chico que le trae el té o quien le abre la puerta, ella siempre se acuerda el nombre de todos y es muy simpática. Nunca la vi enojada ni la escuché decir algo malo sobre nadie. Es muy profesional.”

Todos coinciden. Moss es profesional y amable. Y eso también se puede percibir en su actitud durante la filmación, aunque la fama la haya ganado más bien ese espíritu rebelde al que su posición en lo más alto del mundo de la moda le permite dar rienda suelta. El encuentro de la Revista con la modelo cambió de fecha y de locación un par de veces. Primero nos reuniríamos con ella en la Isla de Pascua, pero tras un suspenso seguido de cancelación cambiamos el equipaje playero por uno de otoño gris y volamos a Londres. Fue necesario enviar un cuestionario de admisión que anticipara las intenciones de nuestra entrevista, porque hay algunas cosas de las que Moss no quiere hablar, sobre todo lo que tiene que ver con su vida privada, incluida su hija, Lila Grace, y su marido, Jamie Hince, de la banda The Kills (de nuevo, el rock presente en su vida), con quien se casó hace dos años. Pero hacia el final de la extensa jornada nos informan que la entrevista no podrá hacerse, aunque podremos conocer a Kate y charlar un poco con ella, sin grabador.

Cuando el rodaje termina, la acción se mueve a otro de los docks para unas fotos más de la campaña. Knorpp, su asistente y algunos otros miembros del equipo alistan un interior completamente blanco. Con la música a todo volumen se acerca al lugar el auto de Moss y Val. Parecen que fueran al boliche y se nota que la están pasando bien, a pesar de estar ahí hace casi ocho horas (les faltarían un par más para terminar). “Siempre es divertido trabajar con Kate -sigue Val-. Somos como familia. Trabajamos mucho, pero lo disfrutamos. Nos reímos mucho.”

Las siguientes fotos se realizan en un estudio y no podemos ver cómo se desarrolla la sesión. Es un buen momento para hablar con Katy England, la estilista de Moss, consultora de Tom Ford y de Ricardo Tisci para Givenchy, que se anima a contar qué hay detrás del estilo de la modelo, tan famoso y copiado hasta el hartazgo. “Creo que es muy personal. Ella viaja mucho, va a lugares geniales y consigue muchas cosas interesantes. También se inspira en la música porque tiene muchos amigos en ese mundo. Le encanta Anita Pallenberg, que fue pareja de Keith Richards. Ese tipo de estilo de los Rolling Stones, del rock. Esos son sus amigos y se inspira en ellos. Ha tenido una vida increíble y se nutre de la experiencia con mujeres reales que fue conociendo en el camino. Con muy buen gusto.”

Para England es fácil buscar piezas para que Moss luzca porque “la ropa cobra vida cuando ella la viste”. Y, para que tomemos nota, la estilista confiesa qué es lo que la modelo jamás se pondría: “Creo que nunca elegiríamos algo de la moda de los 80. Es muy dura. Kate es muy femenina y suave. Ella sabe que no le van esas hombreras y cinturones enormes. Le gustan las formas tradicionales. No usa cosas que estén cortadas de forma rara o piezas extrañas, sino más bien ceñidas al cuerpo”.

El buen ojo para saber qué le queda bien, la naturalidad para posar y otros atributos que señalan sobre ella quienes trabajan a su lado son el resultado de una carrera de más de 20 años en el mundo de la moda. Moss trabajó con Mario Testino, Steven Klein, Juergen Teller y otros fotógrafos superstars. Actualmente es la cara de marcas como Versace, Kerastase, Rimmel y Basement, y en el pasado protagonizó campañas de Burberry, Chanel, H&M, Bulgari, Louis Vuitton, Dior y Longchamp, entre muchas otras. Su capacidad para mantenerse vigente en un ámbito donde todo dura lo que un suspiro es prodigiosa. A pesar de su nuevo trabajo como editora colaboradora de moda para la Vogue británica, su incursión en el diseño de moda con su línea de ropa para Topshop y hasta algún intento en el terreno de la música, parecería que la modelo aún no piensa dejar lo que la hizo famosa. De hecho, hasta se animó a posar para el número 60 aniversario de Playboy que saldrá en diciembre, un mes antes de que Moss ponga los pies sobre sus cuatro décadas.

“Creo que va a ser un ícono para toda su vida -dice Knorpp-. A las chicas de su época ya no las ves más. Pero ella sigue.” Lo mismo opina Val Garland: “Kate, reina suprema entre las modelos. Es la última de las supermodelos. Están estas chicas nuevas, como Cara Delevigne, que son fantásticas, pero hay una sola Kate Moss.”

Cerca de las 23 llega a su fin la producción y un representante de Moss nos acompaña al dock donde se hicieron las últimas fotos para conocerla. La saludamos. Está cansada y -confirmado- es muy amable en la breve conversación. Con más tiempo se podría preguntar muchas cosas sobre su carrera, su visión de la moda, una vida llena de anécdotas y un largo etcétera. Pero el tiempo es más que escaso y un interrogante se impone: ¿cómo hace para transmitir tanto en las fotos? La respuesta es sólo la confirmación del misterio. Parece que ella tampoco lo sabe… o, tal vez, no lo quiere compartir.

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